Hay apodos que lo dicen todo, nombres que no se explican, se sienten. La Pepona es de esos apodos que quedaron marcados en el corazón albiazul. Una tribuna llena, una pelota que viaja rasante, un grito que se adelanta al gol.

José Omar Reinaldi fue una certeza. El delantero que parecía llegar antes que todos, el que entendía el juego como si lo hubiera escrito él mismo. Rubia la melena, fina la zurda, distinto el modo. Jugó en los escenarios más intensos de la provincia, cruzó fronteras internas del fútbol local y dejó respeto en cada paso.

En Talleres dejó su marca más profunda. Fue goleador, campeón y líder. En esos años donde el Club se animó a discutirle el poder a cualquiera, La Pepona era voz, presencia y decisión.

Su fútbol era inteligencia, un toque antes, una lectura distinta, una definición que parecía pensada mucho antes de llegar al área. Hay goles que siguen vivos sin necesidad de repetición. Los que se gritan todavía, aunque hayan pasado décadas.

Córdoba entera te ama, de un lado y del otro de la ciudad. Porque supo vestir camisetas de otros colores sin perder identidad. Pero en Talleres dejó algo más que goles, dejó pertenencia. Volvió cuando podía haberse ido. Se retiró con esta camiseta. Cumplió el rol de DT sin dudarlo. Y eso no se olvida.

La Pepona es más que un nombre en los libros, es una historia que se transmite, una leyenda del Matador.