Imposible olvidar esos días de cancha con rivales cuyos nombres nos enterábamos en la semana. Tiro libre para Talleres. La pelota quieta, el murmullo que se empezaba a sentir en el Kempes y el “10” que la acomoda con una calma que ya no se ve. Juan Pablo Francia toma carrera corta, levanta la mirada y en ese instante todo parece detenerse. Gol. Antes, durante y después. Gol en la intuición del hincha, en la ejecución perfecta y en el recuerdo que queda para siempre.

Hay futbolistas que pertenecen a una época y hay otros que parecen venir de otra. Francia fue de esos últimos. Un jugador exquisito, dueño de una técnica inigualable y de una sensibilidad para jugar que conectaba directo con el ADN TALLERES.
+ VIDEO: El especial que Planeta Gol le dedicó al 10:
Nacido en San Francisco, su historia tuvo como gran protagonista a Sportivo Belgrano. Allí empezó todo y allí eligió terminarlo. Incluso cuando el fútbol europeo lo recibió siendo apenas un adolescente y lo proyectó en la élite, incluso cuando su talento lo sostenía en escenarios grandes, el camino siempre lo traía de regreso a su lugar. Porque hay jugadores que más allá de «la guita», eligen con el corazón.

En su historia de amor con la «caprichosa», Juan Pablo le dedicó un capítulo a Talleres y se vino un año para Barrio Jardín.

Fue parte de un equipo que logró el ascenso, pero su huella va más allá de un logro. Francia dejó la sensación de estar viendo a un jugador distinto. De esos que hacen fácil lo imposible.

En tiempos donde el juego se vuelve cada vez más físico y vertiginoso, recordar a Juan Pablo Francia es volver a la esencia de este deporte. Es detener el reloj por un instante y entender que el fútbol también es pausa, es lectura y picardía.

Algunos jugadores se explican en números. Otros, en títulos. Y algunos pocos, como Francia, viven en la memoria emocional del hincha.