Detrás de cada participante del Campus Talleres hay una historia. Algunas comienzan con una pelota, otras con un sueño. La de Nahuel Calderón empezó hace varios meses, cuando decidió que haría todo lo posible para ser parte de esta quinta edición. Con esfuerzo, dedicación y el acompañamiento de su familia, ese objetivo finalmente se convirtió en realidad.
Para reunir el dinero necesario, Nahuel preparó y vendió alfajores junto a su mamá durante casi tres meses. Recorrió su escuela, su barrio y distintos lugares ofreciendo cada uno de ellos con un único propósito. Cumplir el sueño de entrenar en el CARD Amadeo Nuccetelli y vivir desde adentro la experiencia del Mundo Talleres.
«Vine acá haciendo un gran esfuerzo. Preparé los alfajores con mi mamá y empecé a vender en la escuela, afuera de la escuela y en el barrio. Así, de a poco, fui juntando la plata. Estuve dos o tres meses hasta que pude pagar el Campus», contó emocionado. Además, un descuento obtenido por su mamá en un sorteo terminó siendo una ayuda fundamental para alcanzar ese objetivo. «Fue un milagro. Yo lo veía imposible, pero busqué la manera de hacerlo», recordó.

Después de una semana llena de entrenamientos, nuevos amigos y experiencias inolvidables, Nahuel también se llevó un aprendizaje que va mucho más allá del fútbol. «Lo que me llevo del Campus es la humildad», aseguró. Y cuando tuvo que resumir todo lo vivido en una sola palabra, no dudó en responder «Familia».
Historias como la de Nahuel reflejan el verdadero espíritu del Campus Talleres. Un espacio donde los sueños se construyen con esfuerzo, compromiso y pasión, y donde cada chico y cada chica encuentra un lugar para crecer, aprender y sentirse parte de una gran familia albiazul.