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Casi deja el fútbol por una enfermedad, se encomendó a Dios y se convirtió en un prócer de Talleres

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Con el tiempo, Mario Bevilacqua, un tremendo goleador, pasó a ser conocido por todo el mundo como “El pastor”. Miraba al cielo, rezaba y pedía por sus compañeros que entraban a la cancha para que no se lesionaran.

El santiagueño vistió las camisetas de Talleres, donde jugó ocho años. River, Deportivo Español y Filanbanco de Ecuador.

A principios de 1984, había llegado a Talleres, pero al poco tiempo sufrió una escoliosis de columna producida por un golpe en la cadera, que provocó que la cuarta y quinta vértebra lumbar se inclinaran hacia la parte izquierda. Entonces, le produjo una pubalgia crónica. Eso sólo se podía corregir poniendo un clavo de 3 centímetros. ¡Tenía tan solo 21 años!, parecía el final de su carrera.

En Talleres fueron los mejores años de su vida deportiva. El ex delantero cayó en el momento justo y preciso. La “T” estaba bien, en Primera, y gozando de un buen presente. Fue una decisión durísima, se operaba y perdía un poco de movilidad o tenía dolor de por vida. Ahí comenzó su búsqueda en Dios se aferró a él y le suplicaba una solución, por que no soportaba el dolor.

Se entregó a la fe, pidiendo un milagro para su columna. Al cuarto mes, comenzó a entrenar de manera normal, y gracias a Dios la pubalgia se curó y los dolores desaparecieron, los médicos no tenían explicación.

En su último tiempo en Córdoba, se unió a una Iglesia Cristiana como El Pastor, pero nunca se apartó del fútbol. “Uno de mis orgullos, es haberme puesto la camiseta de Medea”, confesó en alguna oportunidad.

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