Imposible olvidarse de esos gritos que nacen desde adentro. De esos goles que se sienten propios. De ese delantero que, cada vez que convertía, parecía abrazar a toda la tribuna. Eial Strahman fue eso en Talleres, goles, entrega y pertenencia.

Hay jugadores que llegan y hay otros que vuelven. Cuando vuelven, lo hace con la historia a cuestas, con la camiseta más cerca de la piel, con la necesidad de dejar algo más profundo. Strahman regresó y fue parte de un momento clave, de esos que marcan el rumbo de un club.

En el camino del ascenso, cuando Talleres necesitaba convicción y carácter, su presencia fue importante. Goles, sí. Pero también esfuerzo, lucha, compromiso. Esa forma de jugar que conecta con el hincha, que representa lo que significa estar en Barrio Jardín.
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Fue protagonista de un equipo que devolvió a Talleres al lugar que le corresponde. Y en ese recorrido, su nombre quedó ligado a la alegría de volver a creer. A esos días en los que el equipo empujaba junto a su gente, con una ilusión que crecía partido a partido.
Hay vínculos que siguen, que se transforman, que se heredan. El suyo es así. De los que atraviesan el tiempo y las distancias. Porque hay jugadores que dejan recuerdos y quedan marcados a fuego en el corazón del hincha.
¡Gracias Strahman por ser uno más de nosotros!