El debut de Daniel Willington en Talleres

Septiembre 2020

En el día de su cumpleaños, recordamos el debut de Daniel Willington en Talleres. Oriundo de Guadalupe (Santa Fe), llegó a Córdoba con apenas siete años cuando la “T” fichó a su padre (Atilio) para formar parte del plantel de primera.

El 7 de junio de 1959 Daniel Alberto Willington debutó oficialmente con la camiseta albiazul. Su maravilloso fútbol y el cariño de la hinchada lo colocaron quizás cómo el máximo ídolo en la historia de Talleres.

Junto a su padre, se instalaron a dos cuadras de La Boutique por lo que la infancia de Daniel estuvo muy ligada a la institución.

Desde muy chico iba a los entrenamientos a alcanzar las pelotas a los más grandes mientras en algún recreo comenzaba a demostrar ese don que marcaría a fuego su carrera como futbolista: su implacable pegada. De chico era normal ver al hijo del “Toro” en los potreros de Villa Revol rodeado de grandes que lo iban a buscar para los picados.

Se instaló con su padre, Atilio, a dos cuadras de la Boutique. Su infancia estuvo ligada a Talleres.

Ese pibe un día creció y de paso por la cancha de Avellaneda lo invitaron a jugar para la reserva del club. Daniel no sólo la “rompió” en el preliminar sino que jugó para la primera donde también dio que hablar. La noticia recorrió las calles y esa misma noche llegó a oídos de don Atilio, que no sólo era su padre sino el técnico de la primera albiazul. El 27 de mayo de 1959 firmó para la institución y dos semanas más tarde salió a la cancha.

El debut

Por la última fecha del Preparación 59′ Talleres recibió a Huracán de La France en La Boutique. A Willington con apenas 16 años le tocó formar parte de un quinteto de ataque plagado de figuras: Narciso Contreras, “el Daniel”, “la Wanora” Romero, Rogelio Cuello y Humberto Taborda.

Talleres ganó 5 a 2 y los medios dieron nota de la presentación de Willington. “Cumplió una labor que se valoriza doblemente por su debut en el equipo superior. Tiene aptitudes (…) es una firme promesa…”, destacó La Voz del Interior. Lo prometido se efectivizó en 1960 cuando Talleres arrasó: ganó el Preparación, Competencia, Clausura y Oficial perdiendo sólo un partido de 27. Jugó hasta 1961 y fue transferido a Vélez Sarsfield.

Tiene aptitudes. Es una firme promesa”. Destacó la Voz del Interior tras su debut.

Tras un exitoso paso por el club de Liniers regresó a Talleres en 1973 cuando Amadeo Nuccetelli desde afuera comenzó a armar la era dorada de la institución. Fue clave en los Nacionales de 1974 y 1975 donde se destacó junto a innumerables figuras. Jugó hasta 1978 donde totalizó 168 partidos, 66 goles y 17 títulos.

El gol del Centenario

Veintisiete minutos en Alberdi. Juegan Belgrano y Talleres. Infracción en un costado del campo, sobre la izquierda del ataque albiazul y a 30 metros del arco. Willington toma la pelota, se agacha y analiza el panorama. Se pone en cuclillas para examinarlo mejor. Y después un impacto impecable, espectacular que se mete en el ángulo izquierdo de Tocalli. Golazo. “Fue el gol más impresionante que me han hecho en mi vida”, declaró el arquero celeste. “Señores, parensé, esto es para admirarlo de pie; no lo van a ver más”, agregó el prestigioso periodista Nilo Neder.

La genialidad de Salzano

Daniel Salzano eligió estas magníficas palabras para recordar ese gol de “El Daniel”.

Hacés grandes esfuerzos pero, por más que lo intentás, no conseguís precisar los detalles más obvios de la gesta.

No te acordás, por ejemplo, si el partido se jugaba a la luz del Sol o de la Luna y tampoco quién era el adversario.

Lo único que recordás con nitidez es que Daniel Willington retrocedió dos pasos, que onduló su pesado perfil de dandi provinciano y que en el mismo instante en que pateó, levantó los brazos como un emperador y saludó por anticipado en dirección a la tribuna popular.

Sacudida por una descarga eléctrica, cuya intensidad hubiera servido para nivelar el déficit de Epec, la pelota recorrió los 40 metros que la separaban del arco, atravesó con la gracia de un delfín la línea que separa la gloria del fracaso y, al clavarse en el rincón de las arañas, desencadenó un huracán de fuegos artificiales.

Desde entonces, en el mundo han triunfado revoluciones y golpes de Estado, han entrado en erupción volcanes fabulosos y han caído vastos imperios con todo lo clavado y lo plantado. El gol de Daniel Willington, sin embargo, continúa siendo eterno.

Lo corrobora una encuesta publicada por el diario, una encuesta empeñada en determinar cuál ha sido en la historia de la ciudad su deportista más iluminado. El resultado no ofrece dudas. Primero, Willington; después, nadie. Y después, nuevamente Daniel Willington.

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