Hay historias que trascienden el paso del tiempo y encuentran en Talleres un punto de encuentro para distintas generaciones. La de las familias Taborda y Willington es una de ellas. Dos apellidos que se unen por un vínculo familiar, pero sobre todo por una pasión que lleva décadas creciendo alrededor de la camiseta del Matador.
La historia comienza con Humberto Taborda, exjugador de Talleres entre los años 60 y 70, quien transmitió desde muy temprano el amor por el Club a su familia. Humberto es hermano de Roque Taborda quien jugó también entre esos años. Roque deslumbró con su juego al mismísimo Pelé y quedó inmortalizado en junto a O Rei en La Boutique.
+ FOTO: Roque y Pelé en La Boutique:

Humberto Taborda está casado con Mabel Willington, hija de Atilio Willington, otro futbolista que defendió los colores de la Institución. Ella, además, es hermana de Daniel Willington, ídolo histórico y emblema de Talleres.
+ FOTO: De izquierda a derecha: Atilio Willington, Humberto Taborda y Daniel Willington:

(De izquierda a derecha: Atilio Willington, Humberto Taborda y Daniel Willington)
De esa unión nació Pablo Taborda, quien siguió el mismo camino. Formado y jugador del Club hasta 1987, compartió plantel con grandes referentes de la historia albiazul y, décadas más tarde, continúa ligado a la Institución como Secretario Técnico de la estructura de Juveniles, acompañando la formación de las nuevas generaciones.
+ FOTO: A la izquierda, Pablo Taborda:

La historia no termina allí. El legado continúa con Lucas, hijo de Pablo, quien representa la cuarta generación de una familia que mantiene intacto su vínculo con Talleres. Si bien lucas no jugó en primera hizo las divisiones juveniles en el Matador. Así, el árbol genealógico une a los Taborda y los Willington en una misma raíz: el amor por el Club.
+ Foto: Lucas Taborda:

+ FOTO: El Árbol genealógico:

Más allá de los lazos de sangre, esta historia refleja cómo Talleres ha sido el punto de encuentro de dos familias que hicieron del Club una forma de vivir el fútbol. Generación tras generación el compromiso y el amor por la camiseta fueron pasando de padres a hijos, consolidando un legado que sigue vigente.
¡Vamos Talleres!