Basta con decir “el Tigre” y la historia se acomoda sola. Porque Humberto Bravo fue sinónimo de gol, de entrega y de amor por la camiseta de Talleres. Hoy, en sus 75 años, el Club lo homenajea como merece uno de los grandes ídolos de nuestra historia.

Llegado desde Añatuya, Santiago del Estero, con los sueños cargados en los botines, Bravo golpeó muchas puertas antes de encontrar su lugar en Barrio Jardín. Independiente, Quilmes y finalmente Talleres fueron las estaciones de un camino que no fue sencillo, pero que tenía destino de grandeza. Dicen que fue Labruna quien lo vio en un entrenamiento y, con apenas un par de goles, supo que estaba frente a un delantero distinto.
+ VIDEO: Tarde histórica en Rosario:
El Tigre tenía ese fuego sagrado del goleador que aparece cuando más se lo necesita. Como en la inolvidable semifinal del Nacional ’77 ante Newell’s. Tras el empate en Córdoba, la serie se definía en Rosario, en una cancha difícil y ante un rival durísimo. El partido era un ida y vuelta constante, hasta que, a tres minutos del final, apareció Bravo para empujarla a la red y desatar la locura albiazul.

El festejo quedó grabado para siempre, más de 100 metros de corrida y el abrazo con los hinchas colgado del alambrado. Talleres era finalista del Nacional. Una tarde épica que vive en la memoria de todos.
Si de partidos inolvidables hablamos, imposible no recordar aquel 25 de mayo de 1976 en Alberdi. El Tigre se despachó con cuatro goles frente a Belgrano, en su propia cancha. Un póker histórico, con un último tanto que el propio Humberto siempre destacó como uno de los más lindos de su carrera. Esa tarde terminó de ganarse el corazón de todo el pueblo albiazul.

Sus goles también lo llevaron a cumplir otro sueño, vestir la camiseta de la Selección Argentina. Allí compartió plantel con un joven Diego Armando Maradona. Concentraciones, mates, entrenamientos y la tristeza compartida de quedar afuera del Mundial ’78 forjaron una amistad que quedó para siempre. “Bravito, el próximo lo jugamos juntos”, le dijo Diego alguna vez. Y aunque los caminos del fútbol siguieron rumbos distintos, el vínculo permaneció.

Pero si algo caracterizó siempre al Tigre fue su humildad. A pesar de sus más de 140 goles con la camiseta de Talleres y de haber sido protagonista de páginas gloriosas del Club, hoy se lo puede cruzar por Barrio Jardín como uno más. Charlando con vecinos, sonriendo, reviviendo historias cuando algún hincha lo reconoce y le agradece por tantas alegrías.

El gol a Ferro para darle una mano a Diego, los cuatro en Alberdi, el tanto decisivo ante Newell’s, aquel frente a Barcelona en Guayaquil… Cada hincha tiene su recuerdo preferido. Porque Humberto Bravo no fue solo un jugador, fue una época. Un símbolo. Uno de esos que dejaron todo por la camiseta y se quedaron a vivir para siempre en el corazón albiazul.
Desde Talleres, hoy celebramos sus 75 años con orgullo y gratitud. ¡Feliz cumpleaños, Tigre! Gracias por tantas alegrías y por ser, para siempre, uno de los nuestros.