En el mes de nuestro aniversario seguimos viajando por el tiempo, y los años ’50 nos llevan a una etapa donde Talleres reafirmó su poder deportivo y empezó a forjar hitos que aún hoy laten en el corazón albiazul.
+ MIRÁ MÁS: Euge Quevedo alentó a Talleres a más no poder en el Clásico Cordobés: un recibimiento histórico
El comienzo de la década estuvo marcado por una de esas tardes que quedaron para siempre: el 24 de junio de 1951, Talleres venció 5 a 4 a Belgrano en la final del Campeonato Preparación y abrió el camino de una temporada perfecta. Ese año, la “T” conquistó los tres títulos oficiales que se disputaron y fue una máquina imparable de goles: 97 en 28 partidos. Una marca que reflejaba la potencia, el talento y la mística que ya acompañaban al equipo de Barrio Jardín.

En 1955, debutó un delantero destinado a convertirse en leyenda: Miguel Antonio “La Wanora” Romero, máximo goleador histórico del Club con 163 goles. Su olfato de gol, su entrega y su amor por la camiseta lo transformaron en un símbolo eterno para generaciones enteras de hinchas.

Le decían la Wanora por una vieja máquina de tejer, porque su juego parecía eso: una danza zigzagueante que bordaba fútbol. Entre 1955 y 1968, marcó 163 goles en 242 partidos, incluyendo 19 en 28 clásicos ante los de Alberdi. Fue el máximo artillero, el que más veces nos hizo gritar, el que ganó nueve títulos de liga, y el que nunca fue expulsado en 15 años de carrera. Un goleador exquisito, fino, de zurda precisa, que representó la esencia del Talleres de esa época: talento, humildad y conducta. También vistió la camiseta del seleccionado de Córdoba, fue preseleccionado para el Mundial del ’58, y años más tarde, dirigió al primer equipo albiazul.

Como si eso fuera poco, hacia el final de la década, en 1959, apareció un joven que cambiaría la historia: Daniel Willington. Con su talento inigualable y su magia con la pelota, sería con el tiempo uno de los máximos ídolos de Talleres y una bandera de la identidad futbolística albiazul.
En 1956, Talleres y los de Alberdi dieron un paso histórico al retirarse de la Liga Cordobesa, en solidaridad con la lucha de los clubes del interior por sus derechos. Ambos solicitaron la afiliación directa a la AFA, marcando el inicio de una nueva etapa en la búsqueda de igualdad y protagonismo nacional.
Los años ’50 fueron, en definitiva, una década de grandeza y convicción. De goles, ídolos y lucha. De una “T” que se sabía gigante y empezaba a mirar más allá de los límites de Córdoba, soñando con el lugar que hoy ocupa en el fútbol argentino.