En el fútbol, los sueños muchas veces comienzan con una pelota, una amistad y la ilusión de llegar lejos. Para Micaela Sierra y Camila Menfreda, jugadoras de la categoría Sub 14 de Las Matadoras, ese camino empezó hace años y hoy continúa fortaleciéndose dentro del Club.
Ambas tienen 14 años y comparten mucho más que una categoría, comparten una historia construida desde la infancia, marcada por el compañerismo, el esfuerzo y el amor por los colores albiazules.
Su vínculo nació cuando tenían apenas siete años, en la escuelita de Talleres de Villa Allende. Allí comenzaron a dar sus primeros pasos en el fútbol, aprendiendo juntas y soñando con llegar algún día a representar al Club.
Con el tiempo, sus caminos se separaron momentáneamente cuando Camila continuó su formación en otra escuelita, donde incluso llegaron a enfrentarse como rivales. Sin embargo, el destino volvió a unirlas.
El año pasado, Micaela se presentó a las pruebas del Club y logró quedar seleccionada. Poco después llegó el mensaje que marcaría un nuevo capítulo en su historia.
“Cuando me llegó el mensaje de Mica diciéndome que nos íbamos a volver a reencontrar después de tanto tiempo, la alegría era enorme”, recuerda Camila.
Desde entonces, volvieron a compartir entrenamientos, viajes y la rutina que acompaña a quienes persiguen un sueño deportivo. La conexión entre ambas se refleja tanto dentro como fuera de la cancha.
Se definen como una “dupla galáctica”. La relación entre sus familias también creció con los años, Micaela es como una hija más en la casa de Camila, donde pasan gran parte del tiempo juntas.
Los días previos a los partidos son casi un ritual, preparan el bolso juntas, viajan sentadas una al lado de la otra y comparten cada momento de la experiencia deportiva. Y cuando llega el momento de competir, el apoyo mutuo es incondicional.
“Aunque una juegue y la otra no, siempre nos estamos apoyando”, cuentan.
Dentro del Club también encuentran inspiración. Para Micaela, una de sus referentes es Brisa Jara, a quien admira por su crecimiento deportivo y por haber alcanzado objetivos importantes a corta edad.
“Me enorgullece compartir club con ella, poder verla jugar con la camiseta de Talleres y saber que todo es posible”, expresa.
Por su parte, Camila destaca a Celeste Racca como modelo a seguir, tanto por su juego como por su actitud. Un recuerdo especial las une: cuando fueron alcanzapelotas en un partido, se animaron a pedirle una foto y la jugadora aceptó con una sonrisa que quedó grabada para siempre.
Historias como la de Micaela y Camila reflejan el espíritu de Las Matadoras, formación, valores, amistad y sueños que crecen día a día dentro del Club más grande de Córdoba.
¡VAMOS TALLERES! ¡VAMOS MATADORAS!