Ser ídolo popular es es ser parte del pueblo, emocionar a generaciones y dejar una huella que trasciende camisetas. En eso, Talleres y Diego Armando Maradona siempre compartieron el mismo lenguaje. El de la pasión, el del corazón.
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La historia entre la “T” y el más grande de todos los tiempos tiene muchos capítulos. El primero fue en 1976, cuando el joven Diego debutó como profesional justamente ante Talleres, en La Paternal. Aquella tarde, el Matador ganó 1 a 0. En la revancha, La Boutique fue testigo de un 5 a 0 albiazul con “el Hacha” como figura. Fue la primera vez que Maradona jugó por los puntos en Córdoba y, pese al resultado, volvió a destacarse.
Amadeo y Diego
Un día antes de ese partido histórico, el presidente Amadeo Nuccetelli se había reunido con dirigentes de Argentinos y con el propio Maradona en el hotel Crillón. Talleres presentó una oferta formal para incorporar al joven talento, pero la propuesta fue rechazada. “De todos los jugadores que quise traer, el único que no pude fue Maradona”, lamentó alguna vez Amadeo. Aquella foto en el Crillón quedó como el símbolo de lo cerca que estuvo Diego de vestir la camiseta albiazul.

El vínculo siguió latiendo. En 1980, Talleres volvió a soñar con ficharlo. Nuccetelli viajó a Buenos Aires decidido a concretar la llegada del 10, y hubo reuniones con el propio Diego, quien mostró su entusiasmo por jugar en Córdoba. Sin embargo, los tiempos económicos y las negociaciones frustraron el sueño.
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En 1981, ya en Boca, Maradona volvió a cruzarse con Talleres. Primero fue triunfo xeneize en La Bombonera, y luego revancha cordobesa en el estadio Córdoba, donde la T se impuso 1 a 0 con gol de Reinaldi.

Pero el lazo más emotivo llegaría años más tarde. En el 2000, Daniel Valencia, gloria de Talleres y amigo personal de Diego, organizó su partido despedida y lo invitó a compartir una jornada inolvidable. En el entonces estadio Córdoba, Maradona se puso la camiseta albiazul, jugó, marcó un golazo al “Chocolate” Baley y recibió la ovación eterna del Pueblo Matador.

Esa camiseta que Diego lució también tiene su historia. Es la misma que aparece en la famosa foto donde se lo ve en la cama, acompañado por Doña Tota, su madre, con la casaca de Talleres puesta. Una imagen que atraviesa el tiempo, que emociona y que une para siempre a Maradona con el Club.

Desde aquel primer caño en su debut, hasta la noche en que se vistió de albiazul junto a hermano del fútbol, Valencia, la historia entre Maradona y Talleres es una historia de encuentros, de respeto y de cariño mutuo.
Quizá Diego nunca haya sido jugador de Talleres de manera oficial, pero cada capítulo compartido forma parte del patrimonio sentimental del Club. La foto con Doña Tota, la camiseta azul y blanca, la despedida en el Chateau y la ilusión de lo que pudo ser…

¡Gracias Diego!